El Butano Popular

Librepensamiento y explicaciones

Estampas domésticas del siglo XXI

Borja Crespo Historias de amor (y apocalipsis)— 18-12-2014

Sentada en el sofá, sola en casa frente al televisor, mientras los hongos consumen la planta de tus pies, esperas un mensaje de tu hombre por Whatsapp. Instrucciones que no acaban de llegar. No se ilumina el móvil que tienes a tu vera. No suena el vibrador. Con esperanza, acaricias la pantalla táctil, quizás no te has dado cuenta de la entrada de alguna señal, pero ningún icono sacia tu ansia. Vuelves a poner el politono de David Guetta al máximo, nada de tener el aparato en silencio y apreciar la soledad que te envuelve. La cena se enfría. Entre mirada y mirada al celular, cambias de canal, como un robot, sin prestar atención real a la ventana electrónica, porque tu obsesión está en la pantalla más pequeña. Está en línea, pero no te contesta. No quiere, no puede o no debe. Te acuerdas entonces, por alguna razón que desconoces, probablemente por alguna asociación de ideas que aterriza en tu cabeza por el baño de rayos catódicos, de aquel amante que no pasó del todo el casting, lo cambiaste por otro, por otro y por otro, hasta llegar al actual, al sujeto que no da indicios de vida y jamás te ha dicho lo que quieres oír. Aquél con buena conversación que te hizo ver que te podías correr de verdad, ¿dónde estará?, ¿qué estará haciendo? Descubriste que eras multiorgásmica gracias a él, pero preferiste optar por una seguridad que nunca has terminado de encontrar. Te asustó con sus delirios peterpanescos. Quisiste asentar cuerpo y mente. Huiste sin decir adiós, rompiste la comunicación. Le buscas en las redes sociales en un arrebato y topas con él en Facebook, donde hay que estar para existir. Le escribes, le saludas y responde casi de inmediato. Te recuerda también, por supuesto. Tras intercambiar buenas vibraciones, y algún emoticono de más, le pides el número de teléfono, quieres oír su voz. Nada sabes del otro interfecto y has decidido buscar sensaciones inmediatas que mimen tu autoestima herida. Pero no hay respuesta. Se nubla el momento de asueto. Se para el tiempo pluscuamperfecto. El móvil va a seguir quieto. Muy quieto. Tienes cistitis, por follar con una polla fría, como te dijeron aquella vez. Estás enferma, de amor y de tontería. Menudo desastre. Suena la puerta. Hoy tampoco te traen flores.

Tirado en la butaca del salón, cansado de tanto trabajar, aunque no lo suficiente para desconectar de la realidad, esperas la cena que nunca llegará. Tu mujer te dejó hace siete semanas y todavía no lo has asimilado, a pesar de que la próstata te ha dado una alegría en la revisión médica anual. Tu ingenua pareja te pilló por enésima vez en una mentira. La próxima vez que una compañera del curro te mande una foto comprometida, con el coño al aire para entendernos, acuérdate de borrarla del móvil. O cambia la contraseña. Pero ya da igual. Además, se ha llevado a tu hijo, de apenas nueve meses. Quizás no fue una buena idea intentar arreglar lo vuestro a base de procrear. El telediario de la noche acaba de amargarte la jornada. No hay nada que te alegre el día. Las noticias parecen estar pensadas para gente que no siente. Nada que ver con tu estado actual. Por mucho que ella se empeñase en ofrecer la imagen de una familia feliz en su muro, en un alarde de exhibicionismo emocional, tu polla estaba en otro sitio, y ahora te has quedado sin nada. Por cada foto sentimental que tu esposa colgaba, para el deleite de vuestras amistades, se la endiñabas encantado a la becaria a golpe de “me gustas”, sin remordimientos y por detrás, una novedad. Suena el teléfono. Varios pitidos rompen el agrio momento. Es el Messenger del Facebook. Alguien hace acto de presencia por obra y gracia de una red social. Sonríes. Viejos recuerdos alivian los recientes. Entablas una conversación inesperada con una persona que alguna vez te importó. No sabías nada de ella desde hace tiempo. Desapareció. Lo vuestro terminó cuando parecía que estaba en su mejor momento y nunca lo entendiste. No encontraste contestación a tus preguntas porque quizás no había posible respuesta. Realidades paralelas. El intercambio de bromas y guiños al pasado puede acabar en cita, pero en ese preciso instante no quieres más líos, aunque la idea de estar solo te corroe por dentro. Silencias el celular. Toca encender el microondas, evadirte con lo puesto y repasar el historial de páginas porno gratuitas. Nada que no practique un alto porcentaje de la población masculina, atemperando sus complejos. Por cierto, es navidad. Mejor no bebas por beber, ¿eh? Vaya infortunio.

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