4 Huesos de Santo 4

1. Una de las leyendas del Madrid Romántico nos habla del Cerro Garabitas como lugar de concentración de fuerzas telúricas, donde se reúnen todas las almas de los vecinos, los piadosos, antes de elevarse al cielo en una nube morada con destellos brillantes. Que no digo que no, porque allí, en lo más alto de la Casa de Campo ha habido de todo, desde duelos con pistola y padrinos a bombardeos y salvas de artillería de buena mañana (“el lechero”, llamaban en la calle a la primera bomba del día). Ahora, mucho más tranquilo el monte, es lugar de rutas en bici para deportistas “urban” y familias amantes del “Cañonero 4×4”, y la famosa nube no sé si se verá desde el Teleférico, pero miren que lo dudo. Ya no por falta de convicción devota, sino por pura imposibilidad química, que es que no vean cómo está el cielo. Qué gases, qué tóxico, qué boina. Eso. Que no se ve.

2. Los impíos, pecadores y criminales tienen una ruta igual de pintoresca, pero aquí orientada hacia abajo, en caída libre hacia el infierno, que comienza en una entrada secreta en la Plaza de la Paja y continúa por una red de túneles hasta donde viven Pedro Botero y Faustina 1. Para más detalles, pueden consultar La torre de los siete jorobados, ahora en una versión para el coleccionista con copia restaurada y libro adjunto. La obra maestra de Neville/ Carrere se inspiró en una de las historias más queridas del viejo Madrid, la de que bajo los adoquines no está la playa en este caso, sino una ciudad subterránea repleta de cavernas, poblada por una suerte de nibelungos madrileños con levita, y tesoros sin fin.

3. El mercado del entierro se ha puesto bien raro, amigos. Lo digo porque en las últimas ferias de accesorios, Funermostra, hemos podido ver varias de las nuevas tecnologías aplicadas a diversos problemas, como un servicio de sms para evitar enterramientos prematuros, o la solución definitiva para terminar con ese columbario que guardamos en casa y que asusta a nuestros amigos y visitas: instalando en su lugar un discreto módulo que parece una cajita de MP3 o quizá un dispositivo para la bebida. Aunque hemos de reconocer que otros asuntos, como el velatorio moderno con un DJ en lugar de la habitual selección de grabaciones de música clásica, o la tumba personalizada, por ejemplo, con forma de botella de cerveza o de guitarra, siguen siendo una asignatura pendiente para la mentalidad mesetaria. En otros terrenos, sin embargo, sí que la ciudad se ha colocado en primera línea, especialmente con los supertanatorios, que de modernos y multifuncionales, pueden servir de discoteca terminal un finde muy loco o muy apurado. Algunos están tan bien que podrían pasar por elegantes espacios de moda donde ir a echar la tarde.

4. Pero en otras cosas todavía nos queda mucho camino. Yo, en esta manía de ocultar a los muertos y evitar que la parte efímera de las personas salga en las conversaciones y en los objetos de la cultura actual, salvo si es con efectos estadísticos o de impacto, me quedo con la última moda que viene de Suiza: mandar a un laboratorio las cenizas de tu pariente favorito, y que al cabo de poco más de un mes te lo devuelvan convertido en un diamante, elegantemente engastado en una sortija o un pendiente. Fíjense qué detalle de elegancia y a la vez de respeto llevar a tu abuela o al marido en un collar. Además de la discreción, necrofilia de lujo.

1 La deliciosa comedia del 57 (Sáenz de Heredia), donde una María Félix volvía loco a su Mefistófeles.

Leave a Reply